Uganda: depués de 2 años, se tambalean las conversaciones de paz

Cuando tenía 10 años, Alfred Bogomin, tuvo que abandonar su hogar en Paicho en el Norte de Uganda para escapar de las milicias del LRA. Después de vivir durante 20 años en un campo de desplazados regresó a su casa la semana pasada.

En la región Acholi del Norte de Uganda toda una generación ha crecido en campos de desplazados dependiendo de las ayudas humanitarias. Sin embargo, el regreso a Paicho no es todavía el final, ahora Bogomin espera a que los ancianos supervivientes determinen cuáles son las tierras que pertenecieron a sus padres. Hay algo todavía más preocupante, el fracaso de las conversaciones de paz.

Se estima que unos 2 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares por el conflicto del Norte de Uganda que se inició en 1.986. Además, la guerra ha matado a cerca de 1 millón de personas. Los rebeldes del ejército de resistencia del Señor (LRA) son tristemente famosos por los asesinatos y mutilaciones de civiles y por el secuestro de miles de niños.

Las conversaciones de paz, iniciadas en 2.006 con la colaboración del vicepresidente de Sud-Sudán, han supuesto un progreso significativo para acabar con el conflicto. Pero después de 2 años de negociaciones el líder del LRA, Joseph Kony, rechazó firmar el acuerdo de paz el pasado mes de abril. Por el contrario, exigió explicaciones sobre las acusaciones emitidas por la Corte Penal Internacional relativas a sus crímenes contra la humanidad.

El acuerdo que no se ha firmado, incluye la creación de unos tribunales especiales en Uganda para juzgar los crímenes cometidos durante el conflicto y la aplicación de mecanismos tradicionales de justicia.

El pasado 6 de junio el presidente ugandés, Yoweri Museveni, informó sobre el fracaso de las negociaciones y anunció un plan B del gobierno: la confrontación militar con los rebeldes del LRA que se encuentran escondidos en la selva en las fronteras con la República Democrática del Congo y la República Centroafricana.

La posibilidad de la vuelta a la guerra resulta escalofriante para Bogomin. El obispo Ochola, un miembro de la Iniciativa de Paz de los líderes religiosos Acholi, considera que el líder del LRA no quiere ser llevado ante la Corte Penal Internacional. Y que si el propósito del acuerdo es la paz se debería admitir que se haya sometido a la justicia tradicional.

En esto radica la cuestión. Ahora el gobierno ugandés se encuentra ante una difícil decisión. Otorgar esas concesiones a los rebeldes o rechazarlas y apostar por una impopular y arriesgada opción militar.

Información extraída de IPS News.

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