Sudáfrica: la revolución de la horticultura

Una revolución silenciosa se extiende por las zonas residenciales de las afueras de Ciudad del Cabo. Estos barrios, conocidos como townships, fueron creados en los tiempos del apartheid para las personas de raza negra por lo que no son ajenos a la revolución. Trece años después de la liberación, el campo de batalla es diferente. Ahora, el enemigo resulta más abstracto e impreciso. Aquellos que vivieron atemorizados por las balas del ejército se enfrentan hoy al SIDA, la pobreza y el desempleo.

En este paisaje hostil se han sembrado las semillas de la revolución. Literalmente. Los chalecos antibalas se han convertido en verduras cultivadas en huertos comunitarios. Estas parcelas se han creado a partir de terrenos en desuso difuminados por estos barrios. Casi todos ellos son cultivados por mujeres; pensionistas en su mayoría. Cuando el adversario es el hambre, la enfermedad y el desempleo, las madres y las abuelas suelen ser las más adecuadas para afrontarlo.

Phillipina Ndamane, de 72 años, es la típica horticultora de los townships. Ella es co-propietaria del huerto comunitario de Fezeka. Al igual que sus cinco socias, Ndamane vive con una pensión del gobierno. Los 115 dólares mensuales no la alcanzan para alimentar a su hermana mayor y a los 9 niños que mantiene (6 nietos y otros 3, todos ellos huérfanos). Pero los beneficios del huerto de Fezeka van más allá, como señala otra propietaria: “Estamos ayudando a los que no trabajan, a los enfermos de SIDA, a los ancianos, les ayudamos con nuestras verduras”.

La asociación Abalami Bezekhaya (“jardineros del hogar”), es una de las responsables de promocionar el cultivo de alimentos en Ciudad del Cabo en los últimos 25 años. Mediante el trabajo de estos huertos Abalimi ha generado un desarrollo sostenible continuo, en el que los huertos han evolucionado desde un “nivel de supervivencia” hasta un “nivel de sustento”, un modo de ganarse la vida.

Rob Small, uno de los gestores de la asociación, considera que todo el mundo cree que deberían aspirar a alcanzar un desarrollo comercial pero en su opinión no aportaría tantos beneficios sociales. “Antiguamente, todos vivíamos en un nivel de sustento en el que no éramos muy ricos pero tampoco pobres y teníamos todas las necesidades cubiertas. Las mujeres ahora tienen muchas ventajas: salud, bienestar familiar, trabajo, grupos de apoyo, grupos de cuidado para los niños y ayuda a los más pobres a través de las verduras”.

“Antes de las huertas no hacíamos nada” afirma Phillipina Ndamane, “la huerta nos ha fortalecido, por eso venimos todos los días. Yo disfruto de esto y seguiré haciéndolo hasta que me muera.”

Más información en All Africa.

Una respuesta a Sudáfrica: la revolución de la horticultura

  1. sobrino dice:

    Muy buen artículo, a través de la originalidad se pueden hacer muchas cosas.

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